Solamente la etimología de la palabra libro ya nos deja ver el soporte del que hablamos: del latín liber, libri, 'membrana' o 'corteza de árbol'. Un libro sería aquello manuscrito o impreso en hojas de papel, pergamino... encuadernadas y protegidas por "tapas". Desde que el libro nació cambió, para empezar, la concepción de lectura, apotando novedades al soporte como una nueva disposición del texto, la cual hoy en día sigue imponiéndose, aún cuando el soporte está cambiando. Y cambia porque cambian las maneras de leer. Pero el nuevo soporte, una pantalla de ordenador o un "e-book", ya no es algo impreso en un papel, encuadernado o protegido por tapas y, lo que más curiosidad me suscita es que aún lo denominamos "libro", aunque con la coletilla "digital" para diferenciarlo. Quien sabe si algún día, más o menos lejano, lo denominaremos de manera distinta, y si estas inquietudes también existieron cuando el pergamino y el libro convivieron vivamente, como hoy en día lo hacen el libro y el e-book, por ejemplo.
Lo cierto es que creo que no se quiere dar otro nombre porque si lo hicieran la gente lo vería de forma diferente. Si ya existe cierta reticencia a lo digital, y mucho más si es para la lectura, al ponerle un nombre desvinculado al término "libro",existiría un mayor rechazo por parte de la población, ya que uno no nos queremos desprender de lo antiguo,porque nos da miedo, y al continuar con el mismo nombre parece que algo queda del pasado.
ResponderEliminarEs cierto que se plantean nuevas ideas sobre conceptos que nos parecían inamovibles, y que tenemos un claro ejemplo de ello en el libro. Hay que tener en cuenta que no se pierde nada, solo se trasforma. Aunque esto tampoco quiere decir que (de momento) nos podamos olvidar del libro en soporte papel, principalmente por el fuerte peso de la tradición.
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